Antecedente: Hace algunos años trabajaba en un estudio fotográfico haciendo fotomontajes, cambiando fondos a fotos, restaurando fotos viejas, pintando fotos en blanco y negro a color, y/o todo eso al mismo tiempo. Como se aprecia, los resultados eran muy irreales, o surreales, como se prefiera. Lo que sí era muy real y palpable era la fuerza sentimental y nostálgica que estas fotos cargaban: la mayoría de las personas que salían en las fotos eran personas que, o bien habían muerto hace varios años (las fotos muy viejas), o acababan de fallecer (fotos que me pedían que les pusiera un fondo de nubes celestiales), o que nunca tuvieron la oportunidad de tomarse una foto decente juntos en un estudio (unir dos fotos de dos personas y ponerles un fonde de estudio).
Sé que es demasiado cursi, pero tengo que decir que la energía nostálgica (buena o mala) de estas fotos me resultaba tan fuerte que me afectaba, al grado que esto fue una de las razones por las que dejé este trabajo. A partir de ahí aprendí a separar los recuerdos y la nostalgia de las fotos que hacía: un poco irónico es que esa fue una de las razones por las que quise aprender a tomar fotos cuando era muy joven, quería atrapar todos mis momentos.
Ahora ya casi no hago fotos que me recuerden algo, alguien, o algúna situación. Trato de modificar mis fotos para sacarlas de su contexto original, y que algunas de las preguntas que la gente se haga al ver mis fotos sea: dónde es eso.
La mayoría de las fotos de esta colección las hice yo, otras cuantas eran del archivo que había en el lugar donde trabajaba y me las apropié. Se me hizo correcto, porque después de una semana las borraban para siempre, por cuestiones de espacio en el disco duro.
Toda esta historia es real, menos los lugares y las personas.